¿Y dónde están… los cuerpos? Trauma y brújula: ética del bien-hacer

Una mirada desde la psicología sobre los procesos testimoniales en juicios por delitos de Lesa Humanidad.

0
700

Audiencia

La cínica increpación del genocida al Tribunal fue: “Todo es falso. Me acusan de privar de libertad, torturar y matar a personas secuestradas por un grupo desconocido, en un móvil desconocido, llevados a lugares desconocidos y allí asesinados. Si nada es conocido ¿por qué se me acusa? ¿Por qué dicen que están muertos? ¿Dónde están los cuerpos?”.

Inversión de la acuciante pregunta-eje de búsqueda en los juicios por delitos de Lesa Humanidad, crímenes de la dictadura, época de todo mal. Pregunta de familiares de víctimas de la desaparición forzada… Hicieron desaparecer sus vidas, sus cuerpos. Cuerpos hechos para la vida.

Testimonios… respuestas subjetivas

En este juicio (Diedrichs-Herrera), los testimonios de dos sobrevivientes –en aquel entonces una adolescente de 15 años y su sobrino, un bebé de 5 meses–, expusieron a cielo abierto los hechos y efectos en la subjetividad de cada uno y en lo social. Aquella adolescente aparece en el relato con la fuerza del tratamiento brutal de su cuerpo y la tortura psicológica, evidencias del lugar de resto, de objeto desechable en que fue colocado el sujeto y su cuerpo para el oscuro goce del genocida. Lugar y posición que también se constata en los signos de tortura que padeció el “paquete-bebé”, envuelto en su mantita.

Las respuestas subjetivas de la joven y el bebé nos sumergen en lo Real, lo imposible, lo indecible.

Los ojitos del bebé no se cierran… acontecimiento de cuerpo, ruptura del sentido gozado. ¿Mirada clavada en lo inasible del horror, del agujero sin bordes? El llanto impedido… Mirada y llanto impedido, cuasi grito. “En el grito del síntoma está concentrada toda la carga semántica de la historia”[1], del goce también. Más allá del placer “vocifera lo que no anda”[2]. Terreno de lo brutal, sin ley, imposible de decir… Sólo marcas, heridas sangrantes. “Significante enigmático del trauma sexual donde la carne o la función pueden convertirse en elementos significantes”[3].

Cuerpo que el parlêtre debe recuperar. Insondable decisión del ser. Y entonces el espasmo-sollozo, pasaje del estupor, del espasmo subjetivo al síntoma espasmo-sollozo, que viene a reparar, a decir algo de aquello que la tía se pregunta, intentando significar: “Qué me quiere decir el bebé?”.

Las palabras maternas en la carta de despedida se estrujan en la ropita del bebé. Esas trenzas significantes y amorosas… Tramas con las que armará su propio cuerpito y lo amarrarán a la vida. Anudamientos con hilachas que le devolverán la imaginaria e imprescindible unidad frente a la tortura fragmentadora y desgarrante.

Lo amarrará también esa mantita, resto del objeto, sabemos siempre perdido para siempre, pero en este caso no re-encontrado jamás en los cuerpos paternos. Objeto “A” que el bebé hecho mirada no dejará de buscar.

Mirada y recorrido

Cuando el niño está en permanente espera, de ir al encuentro y mirar todo, en los lugares donde estuvo con sus padres, curiosea todo… Busca. Función escópica, él está como objeto, todo mirada, fijación de goce: ¿No poder cerrar los ojos es espasmo subjetivo, trauma, defensa y control?

Del universal de “los cuerpos” a lo singular, el cuerpo del parlêtre se va tramando con los dichos del Otro del lenguaje, del amor. Miradas, sollozo compartido, puede hacerse ese cuerpo y escandir nuevamente cerrando los ojos.

En la escuela inventa ficciones de la ausencia, para sus pares y para sí: “Mis padres trabajan”, “están de viaje”, “murieron en un accidente”.

De adolescente sinthomatiza su búsqueda en gestar con otros, otro cuerpo, un cuerpo Institución: HIJOS. Gesta allí la familia de hermanos que la dictadura le privó. Inscribiendo allí también la identificación filiatoria con los ideales paternos.

Hace tiempo es guía de montaña. Hasta el Himalaya… itinerarios por esas alturas, juntura de lo terrenal y lo celestial. ¿Nuevo destino para su búsqueda? Especie de escabel. ¿Apacheta de la metonimia del deseo? “Porque la verdad del deseo en este aspecto es la falta en ser, la verdad del deseo está en su metonimia”[4].

Itinerario entre el bebé-objeto fijado-ojos abiertos al parlêtre que puede parpadear… y extender el horizonte de su mirada desde las alturas.

Notas:

[1] J. A. Miller “Todo el mundo es loco” Paidós 2015 p. 291.
[2] Argumento de las XXIX Jornadas EOL Sección Cba.
[3] J. A. Miller Ibíd p. 290
[4] J. A. Miller Ibíd p. 289